La revancha del pádel: se construye más de una cancha por día y casi no hay turnos para jugar
El deporte que brilló en los 90 y se apagó en los 2000 volvió para quedarse. La evolución de las paletas, los secretos de su fabricación y las nuevas pistas de cristal.
El deporte que brilló en los 90 y se apagó en los 2000 volvió para quedarse. La evolución de las paletas, los secretos de su fabricación y las nuevas pistas de cristal. Una guía práctica para sumarse al fenómeno (de los dos lados del mostrador).
Ya no están los jeans nevados. Un dólar no vale ni cerca de un peso. Tampoco hay que esperar hasta el domingo a la noche para ver los goles en Fútbol de Primera. Y ni siquiera está Ritmo de la Noche para levantar la depre del crepúsculo del fin de semana. Si pensamos en los grandes hitos que marcaron los años 90 (a los que podemos sumar locutorios, remiserías, parripollos, la Renault Fuego y el Fiat Duna, "un peso pa' la birra") no podemos dejar afuera al pádel, el deporte rey de aquellos años de la Argentina. Y sus canchas, claro, que se transformaron en la gallina de los huevos de oro de todo aquel que tenía algunos pesos-dólares para invertir. Y, a la larga, en su maldición.
Los más exagerados dicen que en la Ciudad de Buenos Aires llegó a haber casi una cancha por cuadra, pero, en esa dirección, los especialistas afirman que la cantidad de jugadores superó los tres millones. El pádel es el Adiós Sui Géneris (ese recital en el que todos juran haber estado) de aquella icónica década en la que no todos viajaron a Miami pero casi todos agarraron una paleta para meterse entre seis paredes, cuatro alambrados y una red de por medio para subirse a la nueva ola que marcó la actividad física de la época.
Una explosión que se fue apagando y que, para el fin de la década que gobernó Carlos Saúl Menem en nuestro país, prácticamente desapareció. Al punto que, entrado el nuevo siglo, encontrar un turno para jugar al hijo menor del tenis se volvió casi imposible. Pero ya no por la demanda, sino porque las canchas prácticamente desaparecieron. Ahora, en esos espacios abiertos, hay edificios.
La caída del hito de los 90
Está claro que en la pandemia perdimos todos. Pero, en cuanto a tendencia y resurrección, las grandes ganadoras fueron las canchas de pádel. En términos deportivos y de negocio, otra vez. Pero no fue un rescate vintage. Ahora, quizá las grandes responsables de la extinción del deporte (sí, las canchas) resurgieron renovadas con paredes de cristal y superficies de césped sintético. Es que, este deporte que aparecía como inofensivo y que “podía practicar cualquiera” fue desapareciendo por el daño que provocaba el impacto de jugar en aquellas pistas duras en sus jugadores que, en una gran proporción, superaba las cuatro décadas, o al menos las rondaba. ¿El resultado? Una generación de “veteranos” con problemas lumbares, tobillos rotos y rodillas destruidas.La teoría es ratificada por alguien que sabe un poco del tema: “El cuerpo no estaba preparado para los giros, frenar y correr. Pero la explosión fue tan grande que cualquiera se puso a practicar el deporte sin estar preparado. Y ahí vinieron las lesiones en masa. También se le hizo una mala propaganda al pádel, sobre todo en Argentina”, nos cuenta Alejandro Lasaigues, un verdadero mito dentro de este deporte. Para algún desprevenido: Lasaigues fue número uno del ranking mundial durante diez años.
"Fue un deporte con una explosión impresionante. En los 90 venían medios extranjeros a filmar el fenómeno que se vivía en nuestro país", sigue Lasaigues desde su flamante complejo de canchas del Hotel Sheraton de Retiro.El exceso de oferta fue tal que el pádel perdió esa mística que da tener un turno fijo porque sino “la semana que viene no tenés lugar”. Y el juego entró en franco declive, al punto que en pocos años hubo tantas canchas como jugadores: "No tuvo un control medido en la década del 90, se hacían canchas por todos lados, se pensaba sólo en el negocio. En una manzana vos tenías tres o cuatro clubes. No se cuidó al deporte institucionalmente ni como un evento comercial y, después, a partir del 2000, tuvo esa baja importante en Argentina", cierra Lasaigues.Como una imagen de lo que vendría, las paredes de las canchas de pádel resultaron de cristal. Pero de uno muy fino y para el post-crisis de 2001 se derrumbaron. El pádel era cosa del pasado.
El renacer del pádel en los tiempos de Covid: de las viejas canchas a la pecera de cristalJunio de 2022. El pádel vive una segunda primavera, renace. Las canchas proliferan como verdaderos brotes verdes. Y los jugadores se multiplican como en los viejos buenos tiempos. “Hoy, en la Argentina tenés casi cuatro mil clubes censados. Eso, sin contar las canchas privadas. Se estima un promedio de tres canchas por club, por lo que ahí tenés doce mil pistas. Calculá que habrá 1.000 canchas particulares más”, le cuenta a Clarín Lisandro Borges, uno de los responsables de traer el World Padel Tour a nuestro país y CEO de World Padel Center.
A pesar de la cantidad de complejos y canchas que se construyeron, hoy en Capital Federal y el Conurbano bonaerense, el deporte vive un verdadero fenómeno y es difícil conseguir un turno. ¿Por qué se da el resurgir del pádel a treinta años del boom que vivió en nuestro país en los 90? Punto uno: la nueva tecnología de las canchas parece ser el gran cambio. Punto dos: el pádel fue el primer deporte, junto al tenis, que se abrió después de la cuarentena, lo que terminó de subir a su nueva ola a los que aún no se habían anotado.

